-
El entusiasmo es el 80 por ciento del
éxito de la comunicación. Hable con ganas, con ganas de vender sus
ideas, su imagen o sus productos. El asunto es simple: Quien no habla
con entusiasmo, fracasa, por bien que domine el tema o conozca un
producto.
-
Lo primero que debe hacer cuando vaya a
hablar en público es saber qué tiempo tiene. Luego, en una hoja,
coloque el objetivo de su comunicación, en la parte de abajo. Luego
coloque en esa hoja los hechos y las ideas con las cuales conseguirá
ese objetivo. Luego lea 30 veces sus propias ideas; grábelas y
escúchelas treinta veces; hable con sus amigos, familiares o
conocidos sobre esas ideas, de tal manera que se vayan fijando en la
memoria. Cuando los hechos y las ideas estén claros en su mente, las
palabras fluirán de manera extraordinaria.
-
Mantenga siempre contacto visual con el
auditorio. Mantener contacto visual le sirve para dos cosas: una, para
mantener conectado al grupo; dos, para intuir qué está pasando con
ese grupo.
-
Expresión corporal. Posiciones
inadecuadas: manos cruzadas; manos entre los bolsillos del saco; manos
agarradas atrás; manos entre los bolsillos del pantalón; manos
agarradas a la altura de la cremallera. El mejor profesor de
expresión corporal que hay en el mundo es el corazón: hable con
ganas y su expresión corporal será perfecta y será coherente.
-
¿Cómo me debo parar?. Que el peso del
cuerpo descanse sobre ambas piernas; no cambie el peso de una pierna a
la otra, como un caballo cansado.
-
¿Me debo quedar quieto o me debo mover?
Muévase, pero que los movimientos no
sean repetitivos, ya que si usted se pasea repetidamente de un punto
al otro, estos movimientos se convierten en distractores del mensaje.
Y los miembros del auditorio tienen que seguirlo como si se tratara de
un partido de tenis.
-
Hablemos con pasión. Casal Castel
decía: "Un ser sin pasiones, es como un candil apagado; no
produce humo, pero tampoco alumbra".A
su discurso le puede faltar pulimento, pero debe tener vigor. Le puede
faltar delicadeza, pero debe tener fuego. No son los defectos los que
anulan los discursos, sino la falta de virtudes.
-
Un auditorio actúa de acuerdo con
nuestras actitudes. Si nosotros nos sentimos lánguidos, ellos se
sentirán lánguidos. Si nos mostramos reservados, ellos se mostrarán
reservados. Si tenemos poco interés, ellos tendrán poco interés.
Pero si sentimos con vehemencia lo que decimos, y lo decimos con
sentimiento y espontaneidad, con fuerza y contagiosa convicción, el
auditorio no podrá evitar ser envuelto por nuestro espíritu.
-
Recuerde este otro elemento: Una persona
retiene mucho más lo que ve que lo que oye. Utilice ayudas
audiovisuales, proyecte películas, muestre ejemplos, objetos que se
muevan o no, muestre ejemplos con personas .
-
Jamás olvide que una intervención
frente a un auditorio es un viaje que tiene un punto de llegada.
Siempre debe tener inicio, desarrollo y conclusión. Haga un esquema
de lo que será la conferencia. Anote todos los puntos que tocará. No
le deje esto a la memoria. Le recuerdo formas de concluir
intervenciones: Termine con lo que comenzó. Termine invitando a que
su mensaje sea respaldado. Termine con un rápido resumen. O con una
cita Bíblica. O con una frase contundente de un autor reconocido.
-
No le tenga miedo a un poco de miedo. Un
poco de miedo o temor es saludable, pues evidencia que usted posee
responsabilidad. Ya lo dijimos: el miedo solo ocurre en los primeros
segundos. ¿Qué mejor, entonces, que tener el comienzo perfectamente
preparado? ¿O iniciar haciendo una narración que tenga que ver con
el tema que vamos a tratar? Otra forma de iniciar es formulando una
pregunta a los miembros del auditorio. Mientras ellos hablan, usted
gana tranquilidad.
-
Lo que mejor debe estar preparado de su
conferencia es el inicio. Le sugerimos que sus conferencias las inicie
el auditorio. ¿Cómo? Hágales una pregunta fácil de contestar y
mientras ellos contestan, usted va ganando tranquilidad. O pídales
que den nombre, profesión, actividad y expectativas de la
conferencia. Mientras ellos hablan, usted gana tranquilidad. Es la
mejor manera de romper el hielo.
-
Sonría al grupo. Uno no tiene la culpa
de la cara que tiene, pero si de la cara que pone. Recuerde que una
sonrisa abre más puertas que un tractor.
-
Todo orador debe saber que los hombres
se relacionan más por el corazón que por el cerebro. Como bien lo
dijo Folliet, la oratoria toma su verdadera fuerza de la energía y
profundidad de la convicción. Aunque hable con torpeza, un orador
sincero despierta la emoción de aquellos que lo escuchan, ya que la
sinceridad profunda es tangible, casi que se puede tocar.
-
Los fines de un discurso hablado pueden
reducirse a cuatro: "Deleitar la imaginación, ilustrar el
conocimiento, influir sobre la voluntad y mover las pasiones". Ya
lo dijimos: Usted habla para informar, distraer, motivar o convencer.
Si no habla con ganas, no logrará una respuesta.
-
Para lograr claridad y sencillez en el
lenguaje, tenga en cuenta lo siguiente:
--Evite el uso de terminología especializada. (Siempre que utilice
un término técnico, explíquelo. No use palabras sofisticadas. Las
palabras sencillas las entiende el de abajo y el de arriba. Las
palabras sofisticadas las entiende el de arriba y no el de abajo. Las
palabras sofisticadas son un estorbo.)
--No incluya más de una o dos ideas por frase.
--No use palabras rebuscadas
-
Saber terminar a tiempo es siempre una gran cualidad de todo buen
orador o conferenciante. Debemos tener en cuenta que siempre hay que
terminar cuando el auditorio desea todavía seguir escuchando. A un
auditorio es mejor dejarlo con ganas que dejarlo saturado.
-
Recuerde formas de cerrar: con un pequeño resumen. (Además
recuerda qué dijo). Con una frase contundente de alguna
personalidad. O invite a que el auditorio respalde su mensaje, su
iniciativa. O la cita bíblica. Usted debe redondear
profesionalmente el tema.. O cierre con una frase contundente de un
autor reconocido.
-
Evite los distractores del mensaje. Pida que nadie entre al salón
mientras está en su conferencia. En lo posible, no le pase material
escrito a los escuchas. Puede tener la certeza de que si usted
proyecta desarrollar diez puntos, cuando vaya en el número uno las
personas ya estarán en el último.